jueves, 7 de junio de 2018

La basurita en el ojo


La basurita en el ojo.
Muchas veces analizamos y traducimos la vida y a quienes nos rodean desde nuestra propia óptica, desde nuestro registro genético. Es imposible no recordar las tardes de pelota en la vereda de vainillas, en verano, cuando tu papa se hacia un gorrito con un pañuelo, cuatro nudos en las puntas, y jugaba simulando un equipo de 11 jugadores, hasta que ambos caían rendidos al piso.

El recuerdo (filmado en 8MM) de tu mama trayendo la bandeja con leche chocolatada y galletitas, con una aspirina y el termómetro cuando estabas en cama con fiebre, vuela y se posa en libro que estas leyendo y desaparece, perdiéndose en una tormenta de letras que no puede ser domada ni por el capitán mas experto e intrépido.

Es inevitable no reflejarte en tus padres cuando se enojaban contigo por alguna travesura al momento de enojarte, ahora con tus propios hijos. Sientes, como lo sentían ellos, ese especial aguijoneo de inocencia en sus ojos, esos de “vaca mirando pasar el tren” de la cual tanto te hablaron y que nunca alcanzaste a encontrar cuando viajabas “al Centro”, a ver una película con tus viejos (que dicho sea de paso, era toda una ceremonia y todo tenia otro gusto, hasta el mani con chocolate que te compraban dentro del cine).

La vida se encuentra plagada de esas imágenes, que se guardaron en el disco rigido del corazón y mente, y son el filtro constante al bombardeo de lo cotidiano, idéntico a lo que la atmosfera resulta en elemento de protección a la Tierra.
Ese filtro es el que se interpone al momento de analizar y traducir personas y situaciones que nos rodean. Y, cumpliendo su funcion, no deja pasar (quizás) toda la información esencial que deberías recibir. A veces te protege, como lo hace la atmosfera con nuestro planeta. Otras, te susurra un consejo inadecuado y te daña, dado que censura la realidad, exponiéndote a una lluvia de impiadosos meteoritos, dejándote como la piel de la Luna.

Todo eso, junto pero no mezclado, es lo que planta mojones en tu camino. Y ante lo implacable de la realidad y lo avasallante de los recuerdos se incrusta, con oportunismo casi suizo, una basurita en el ojo. Que con sus dientes dientes afilados e instinto depredador, carcome tus ojos hasta desmoronarlos.

Y con el mismo ojo del medico, pero con un titulo que recibiste por muchos años juntos, me preguntaste si estaba bien. Y esquivando los oídos atentos de nuestros hijos, complice del registro, los recuerdos y los malos filtros, te respondo: “No es nada, es una basurita en el ojo”.

Cuantas veces la tuve y cuantas veces la imagine, difícil de discernir e imposible de confesar. Maldita basurita en el ojo……




No hay comentarios.:

Publicar un comentario