lunes, 17 de noviembre de 2014

Me doy permiso

ME DOY PERMISO.
Me doy permiso para separarme de personas que me traten con brusquedad, presiones o violencia, de las que me ignoran, me niegan un beso, un abrazo...
No acepto ni la brusquedad ni mucho menos la violencia aunque vengan de mis padres o de mi marido, o mujer.
Ni de mis hijos, ni de mi jefe, ni de nadie.
Las personas bruscas o violentas quedan ya, desde este mismo momento fuera de mi vida.
Soy un ser humano que trata con consideración y respeto a los demás. Merezco también consideración y respeto.
Me doy permiso para no obligarme a ser “el alma de la fiesta”, el que pone el entusiasmo en las situaciones, ni ser la persona que pone el calor humano en el hogar, la que está dispuesta al diálogo para resolver conflictos cuando los demás ni siquiera lo intentan.
No he nacido para entretener y dar energía a los demás a costa de agotarme yo: no he nacido para estimularles con tal de que continúen a mi lado.
Mi propia existencia, mi ser; ya es valioso. Si quieren continuar a mi lado deben aprender a valorarme.
Mi presencia ya es suficiente: no he de agotarme haciendo más.
Me doy permiso para no tolerar exigencias desproporcionadas en el trabajo.
No voy a cargar con responsabilidades que corresponden a otros y que tienen tendencia a desentenderse.
Si las exigencias de mis superiores son desproporcionadas hablaré con ellos clara y serenamente.
Me doy permiso para no hundirme las espaldas con cargas ajenas
Me doy permiso para dejar que se desvanezcan los miedos que me infundieron mis padres y las personas que me educaron.
El mundo no es sólo hostilidad, engaño o agresión: hay también mucha belleza y alegría inexplorada.
Decido abandonar los miedos conocidos y me arriesgo a explorar las aventuras por conocer.
Más vale lo bueno que ya he ido conociendo y lo mejor que aún está por conocer. Voy a explorar sin angustia.
Me doy permiso para no agotarme intentando ser una persona excelente.
No soy perfecto, nadie es perfecto y la perfección es oprimente.
Me permito rechazar las ideas que me inculcaron en la infancia intentando que me amoldara a los esquemas ajenos, intentando obligarme a ser perfecto: un hombre sin fisuras, rígidamente irreprochable. Es decir: inhumano.
Asumo plenamente mi derecho a defenderme, a rechazar la hostilidad ajena, a no ser tan correcto como quieren; y asumo mi derecho a ponerles límites y barreras a algunas personas sin sentirme culpable.
No he nacido para ser la víctima de nadie.
Me doy permiso para no estar esperando alabanzas, manifestaciones de ternura o la valoración de los otros.
Me permito no sufrir angustia esperando una llamada de teléfono, una palabra amable o un gesto de consideración.
Me afirmo como una persona no adicta a la angustia.
Soy yo quien me valoro, me acepto y me aprecio. No espero a que vengan esas consideraciones desde el exterior.
Y no espero encerrado o recluido ni en casa, ni en un pequeño círculo de personas de las que depender.
Al contrario de lo que me enseñaron en la infancia, la vida es una experiencia de abundancia.
Empiezo por reconocer mis valores, Y el resto vendrá solo. No espero de fuera.
Me doy permiso para no estar al día en muchas cuestiones de la vida: no necesito tanta información, tanto programa de ordenador, tanta película de cine, tanto periódico, tanto libro, tantas músicas.
Decido no intentar absorber el exceso de información. Me permito no querer saberlo todo.
Me permito no aparentar que estoy al día en todo o en casi todo.
Y me doy permiso para saborear las cosas de la vida que mi cuerpo y mi mente pueden asimilar con un ritmo tranquilo.
Decido profundizar en todo cuanto ya tengo y soy. Con lo que soy es más que suficiente. Y aún sobra.
Me doy permiso para ser inmune a los elogios o alabanzas desmesurados.
Prefiero las relaciones menos densas.
Me permito un vivir con levedad, sin cargas ni demandas excesivas. No entro en su juego.
Me doy el permiso más importante de todos: el de ser AUTENTICO.
No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, queme disgustan o que no deseo.
No me esfuerzo por complacer.
Si intentan presionarme para que haga lo que mi cuerpo y mi mente no quieren hacer, me afirmo tranquilo y firmemente diciendo que NO. Es sencillo y liberador acostumbrarse a decir “NO”.
Me doy el permiso más importante de todos: el de ser auténtico. No me impongo soportar situaciones y convenciones sociales que agotan, que me disgustan o que no deseo. No me esfuerzo por complacer.
Elijo lo que me da salud y vitalidad.
Me hago más fuerte y más sereno cuando mis decisiones las expreso como forma de decir lo que yo quiero o no quiero, y no como forma de despreciar las elecciones de otros.
No me justificaré: si estoy alegre, lo estoy; si estoy menos alegre, lo estoy; si un día señalado del calendario es socialmente obligatorio sentirse feliz, yo estaré como estaré.
Me permito estar tal como me sienta bien conmigo mismo y no como me ordenan las costumbres y los que me rodean: lo “normal” y lo “anormal” en mis estados emocionales lo establezco yo.
JOAQUÍN ARGENTE.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Chau viejita, nos vemos!


Ayer, de manera sorpresiva, me toco decirle "hasta luego" a mi viejita. Dejo este mundo como a ella le gustaba, siempre dando una sorpresa, siempre dando la "nota",
Para un hijo, hablar de su madre y de lo que significa es intentar describir millones de sensaciones, que solo pueden resumirse en una palabra: mamita.
Esta es la foto de Año Nuevo 2013/2014, y con esa misma expresion de paz y felicidad, hoy la despedi.

Describir todos sus esfuerzos, desvelos, trabajo y preocupaciones que tuvo y tenia por mi hermano y por mi es desandar no solamente una inmensa redacción, sino urgar en lo mas intimo de los sentimientos, cosa que hoy me cuesta mucho.

Mis viejos siempre me educaron para dar amor en vida, no llorar en la muerte. Y es asi como lo estoy enfrentando, con el abrazo eterno de la única gran mama que me queda (mi esposa) y el amor de mis tres hijos, que siempre me acompañaron y acompañan en cada una de nuestras aventuras.

Creo haber sido un buen hijo, definitivamente no excelente, pero que estuvo a su lado cuanto y como pudo, y cuanto ella quiso. Porque siempre se enojaba cada vez que la sobreprotegia o la cuidaba en exceso, poniéndome cariñosamente en el lugar que entendía me correspondía.

Solo lamento profundamente que se haya ido de viaje habiendo sido incapaz de torcer la ultima imagen mía, medio vencido, sin un futuro profesional definido. Muchas noches pensaba en la preocupación que le generaba y cuanto le dolía mi situación. Por eso, es que a varios que colaboraron, por acción u omisión, en mi realidad, simplemente quería recordarles que le quitaron parte de su tranquilidad, y que eso se lo llevo en la valija. Definitivamente, la vida les va a devolver lo mismo, porque así es la Justicia del Señor.

Cumplió con todo lo que se propuso en la vida, y viaja como ella deseaba: tranquila, en paz y sin dejar deudas a nadie (muy por el contrario, ayudando a sus hijos y como Abuela Narradora, regalándole a los mas chicos un rato de ilusiones y fantasía).

Y ahora, mas que nunca, va a estar con quien, después de sus hijos, fue el amor de su vida, mi papá.

Solo te ruego que ilumines el camino de tus nietos, que te amaban con locura y que se fundieron en un abrazo de amor con mi hermano y conmigo. Yo estoy en la mitad del camino, y estoy haciendo todo lo que puedo, pero ellos tienen toda la vida por delante y necesitan del registro de sus abuelos, a quienes amaban con locura.

A mi ya me dejaste el orgullo de ser un Gonzalez Leiro de pura cepa, lo cual es muchisimo en un mundo donde la honestidad, la palabra, la familia, el trabajo y el respeto no son moneda corriente, mas vale son animales en extincion.

Viejita, como te dije hoy después de darte un beso: nos vemos en un tiempo mas. Saludalo a papa de mi parte, y decile que algún día nos vamos a abrazar nuevamente.

Gracias mamita!!!

Dios te tenga a su lado, te lo mereces largamente.